miércoles 21 de septiembre de 2011

Espera

  La espera, a veces, es terrible. La paciencia, necesaria en la mayoría de las ocasiones, se torna en desesperación y prisas. A menudo nos quejamos de la celeridad del día a día, lamentándonos de no tomarnos  las cosas con un poco más de filosofía, poder pararse y pensar, reflexionar sobre lo hecho y por hacer, y no tener premura por realizar algunas de las tareas que hemos de llevar a cabo, pero somos nosotros mismos los que imprimimos ese apremio por realizar todo lo que tenemos que hacer, para no quedarnos atrás, para avanzar todos a una. Instinto de supervivencia dicen, ¿no? Teoría de la evolución, el más débil tiende a desaparecer, y no queremos ser los más débiles, tenemos que ser aquella especie que evoluciona, que el resto quiera asemejarse a nosotros.

  Pero no obligatoriamente. Los momentos de calma y de meditación son más que necesarios. Pararse. Desconectar del mundo. Standby. ¿Por qué no? No hablo de no hacer nada, sino aprovechar los pocos momentos que nos quedan libres para reflexionar. Enriquecimiento espiritual. Nos ayudará en todas las facetas de nuestra vida. Ese ser mejores para ser la especie que evoluciona no necesariamente tiene que ser a base de pisotear, sino al revés, crezcamos todos juntos, desde abajo, hacer de nosotros mejores personas, y con ello ayudar a los que nos rodean. Quiero una evolución sana, feliz y desarrollada. No quiero que los supervivientes de las próximas generaciones sean máquinas físicas o mentales pero individuales y asentimentales. Eso es lo más humano que tenemos.

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